Para preparar cualquier trabajo es necesario que consultemos información ya disponible, ya publicada, es decir, que lo documentemos. Pero cuando utilizamos esa información ajena (un artículo, un libro, una web, etc.) al redactar nuestro propio texto, tanto si incluimos frases literales como si resumimos una idea o la parafraseamos, debemos declarar de dónde la hemos tomado, es decir, hemos de citar la fuente, la procedencia.

 

¿Por qué?  Porque al citar …

*       Reconocemos y agradecemos el mérito y esfuerzo de aquéllos de quienes tomamos prestada la información.

*       Reforzamos nuestros propios argumentos y criterios con la autoridad de otros.

*       Probamos que conocemos la disciplina o asunto sobre el que escribimos y que nos hemos documentado.

*       Contextualizamos el tema que tratamos y los datos o argumentos que aportamos.

*       Facilitamos al lector que amplíe información más allá de los límites de nuestro propio texto.

*       Evitamos que nos acusen de plagio y, en la universidad, que nos rechacen o suspendan un trabajo.


En resumen, citamos para distinguir respetuosamente lo ajeno de lo propio o lo común. Citar no es una fórmula pedante de cortesía, es cuestión de rigor y honestidad intelectuales

  

 No incluimos citas …

*       De nuestras propias ideas, aportaciones o conclusiones, que destacan mejor al citar las ajenas.

*      Del conocimiento común: aquéllas informaciones que aparecen sistemáticamente en las publicaciones de la especialidad y pertenecen al cuerpo de conocimientos que tiene todo profesional del sector, resultando de “dominio público”. (Esto no siempre es fácil de distinguir: en caso de duda, citamos).

*      No decimos: “El agua, cuya fórmula es H2O según Pérez García”

*       Ni: “Como afirma García Pérez, la Revolución Francesa fue en 1789”

 

 

 

  

 

  

Página anterior                                                                       Página siguiente